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Se oye cantar ♫


Mostrando entradas con la etiqueta Pensamientos. Mostrar todas las entradas
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Y a volverlo a intentar, y no saber cuántas veces llevas haciéndolo. Ésta será la de verdad, afirmas. Esta, lo conseguiré. Y probablemente no sea la última que lo dices, pero aun así te sientes tan seguro, tan firme... Si hay algo que no se debe perder nunca es la esperanza, dices con claridad. Me pregunto qué ocultas ahí debajo. ¿Quién se esconde? ¿Serás la misma persona después de cambiar? ¿Cambia el físico el interior? Sólo hay una manera de descubrirlo.
La miras. Sus formas curvilíneas y rectilíneas te abruman. Y el contador... Oh, el contador. Te preguntas si realmente esos números sirven de algo si no es para avergonzarte.
Su color puro es una afrenta hacia tu persona. Ella, firme, apenas tiembla cuando te subes. ¿Aguantarás más de 15 minutos? Si no lo haces, la vergüenza te abrumará y volverás a dejarlo. Lo intentaré otro día. La próxima vez irá mejor. Ella no dice nada. Siempre calla. Incluso cuando estás encima, el único ruido que se escucha es tu respiración cada vez más forzada. Cambias los brazos de posición para hacerlo más llevadero. O placentero, depende de como lo mires.
Intentas ir más deprisa. Darle más fuerza a tus movimientos.
Y piensas en cuándo acabará el suplicio, y te marcas un tiempo. Y las posibilidades son varias... No puedo más. Lo dejo aquí. O la otra: Ya he alcanzado el tiempo... Intentaré aguantar cinco minutos más.
Y todo lo haces por cambiar, por verte mejor, por ser más apreciado. ¿Lo que importa es el interior? ¿Desde cuándo? Oh, sí, por supuesto que tus amigos te van a ver igual... Exhibirás orgulloso tu nuevo récord. Ellos te admirarán... O te dirán, yo hice más. Y tú, abochornado, intentarás ir más deprisa y aguantar más... Superarte a ti mismo, dices. Ser diferente.

Bienvenida de nuevo a mi vida, bicicleta elíptica.
Read More 8 susurros | Una parte del día, Mirna Macondo edit post

No quedó nada

No quedó nada de nuestra amistad. Horas hablando, textos guardados, proyectos inacabados. Notas musicales desafinadas. Se fue diluyendo poco a poco, entre amores, estudios y nuevas amistades.
Colaboramos los dos a que se resquebrajara. No hubo lágrimas ni pena. Fue tan lento y a la vez tan rápido, que cuando nos quisimos dar cuenta, hablábamos una vez cada cinco meses y no cinco horas cada día.
Las personas te cambian. Vivíamos en ambientes distintos. Yo podía comprender el tuyo y tú el mío (al fin y al cabo, vivimos un mundo juntos), pero en cuanto empecé a desarrollar mi vida de la manera que he considerado adecuada, se agotó nuestro reloj de arena.
Algunas personas estuvieron en los momentos más difíciles que pasé (como tú), y otras estuvieron en los momentos felices.
No puedo echar de menos lo que tuvimos porque lo perdimos casi a propósito. Casi pareció que no queríamos vernos, que huíamos de manera precipitada cuando teníamos la oportunidad de tener breves encuentros.
Las conversaciones (si es que se las puede llamar así) no son lo que eran, ni lo serán. No hubo errores, ni broncas (sí por mi parte). Sólo una lenta separación.
Quizá fue mejor o quizá peor. No puedo pensar que fue tiempo perdido, porque en su época mereció la pena. Aquellas cosas que compartimos, fueron las que nos separaron.
Las cosas no volverán a ser iguales. Por mucho que la vida dé muchas vueltas, es algo que sientes entre la garganta y la parte central del esternón. Que nada volverá a ser lo mismo.
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¿Qué pasa, qué pasa?


Hoy pasa que mi amigo Carlos cumple 19 años. (Pincha en su nombre, pincha en su nombre)

Para los que no lo conozcan:
Creo que su manera de escribir dice mucho de él. Es un filosofón, que piensa mucho las cosas, o al menos dos veces. Tiene una paciencia inmensa, tan grande tan grande tan grande que me aguanta hasta a mí. Es de las mejores personas que conozco, simpático, educado, galán, etc etc.
Es como uno de esos caballeros de 1800. Seguro que es de los que se bajan antes del automóvil para abrirte la puerta, o te acompañan a casa para que no vayas sola.
Y tiene coche.
Pero claro, como todo hombre del mundo y la típica frase, o está pillado o es gay. Bueno, pues gay no es, a cambio tiene una chica estupenda por pareja: Ella se llama Natalia y tiene pinta de ser su media naranja. Hay pocos que lo consiguen, y yo no la conozco; pero parecen estar hechos el uno para el otro.
Espero que les vaya muy bien, estoy segura de que los dos se lo merecen.
Carlos tiene cosas malas, por supuesto: Nunca pregunta que "Qué tal", no suele iniciar conversaciones y te corta al teléfono. Y sus peinados... ¿Habéis visto el Club de los poetas muertos? Carlos les lleva a las peluqueras cada vez una foto de un personaje. Bueno, que el interior es lo que importa (tos, tos).
Es un gran estudiante, si no recuerdo mal su nota de bachillerato con selectividad fue un 9'2. Está haciendo 6º de grado medio en el conservatorio (piano) y primero de ingeniería industrial.
A veces le tengo un poco de envidia, ya que él es todo lo que yo no he conseguido ser.
Pero es imposible enfadarse con él (yo lo he conseguido, es una de mis grandes virtudes, enfadarme con personas a las que yo no merezco) como probablemente supondréis tras esta descripción.
No puedo darle ningún otro regalo. Ni siquiera sé si le gustará esto, o quizá le incomode.

Pero hoy cumple 19 años y está haciendo un trabajo de inglés (os dije que era muy buen estudiante, DEMASIADO buen estudiante) en vez de pasar el día tocándose las pelotas.
Así que si se mete a internet y ve ésto, igual le arranco una sonrisa.
Felicidades Carlos.

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Me rompieron en pedazos y aún los estoy buscando

Tus doce palabras. Mi lenta reacción.
A veces me pregunto si enfermo por tu culpa.
Se me escapa la vida por la boca, el agujero del corazón.
Tú no me dejas cerrarlo.
Tú no me dejas coserme.

Nunca debí hacerme ilusiones, nunca debí confiarme por una noche bonita. Por una sonrisa bonita. Por el monstruo bonito que llevas dentro.

Con cada tos escupo un recuerdo tuyo.

Con cada jaqueca te olvido un poco más.
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Desde Francia con amor.

Por los días que tuvimos que se vieron transformados en efímeros saludos, de los que sólo te atreves a mostrar en el bus.
Por el día de los fuegos artificiales, el humo rojo y nuestras manos, que se deterioraron en efímeras borracheras de los días de fiesta.
Por tus besos en mi mejilla. Pensar el estúpido pensamiento de que quizás oías mis latidos. ¿En qué pensabas tú? Probablemente en ella.
Por tu saliva con olor a ponche, del que insistías que yo bebiese.
También puedo nombrar la puerta. La puerta sensual, pero para qué, si aquella vez fui yo la que no quiso.
O tu risa que siempre oigo desde atrás, porque podría escucharla a treinta y siete kilómetros. Siempre desde atrás porque no me atrevo a girarme.
O mis palabras que te aconsejan a irte con ella. Y a mentirte, y a decirte que no me gusta nadie, que soy filofóbica. Porque al fin y al cabo, tú mismo lo dijiste el día siguiente a la segunda fiesta: Creo que Elena me sigue queriendo.
También podría ser yo y no saludarte. ¿Sabes que mueves los dedos de la misma manera que yo? Recogiéndolos uno a uno.
Tal vez por eso encajaron tan facilmente nuestras manos aquel día.
Porque este año hasta las clases nos separaron, el pasado tú estabas enfrente y venías a verme, sigo sin saber con qué intención, ¿Buena o mala?
Por la reconciliación efímera que hicimos contándonos cosas triviales, cuando creo que realmente me echabas de menos. Y yo con el pensamiento de, voy a ser fuerte y a ingorarle.
Pero si tú vienes y me hablas con dulzura y me agarras por el codo, yo derrito mi pensamiento y te perdono sin palabras.
Ahora yo no te voy a buscar y tú estás en la otra punta del instituto.
Antes era yo la que te describía como el cabrón, pero realmente también tuve yo la culpa por estúpida.
Por un año y nosecuantos meses de estupidez y el efímero caso que me hacías.

Y ahora la tenemos los dos. Otra vez.
Yo creo que me echas de menos. Porque pasas a mi lado, o porque te interesas por saber quién me gusta, cuando en realidad lo que quieres oír es ese tú que ya sabes, y sentir tu corazoncito roto curado por una tía a la que no querrás nunca.
Porque me siguen temblando las piernas cuando me hablas, porque me sigues devorando con la mirada mientras sonríes. ¿Me lo haces a mí o a todas?


¿Juntamos otra vez tu juego y mi razón?
Read More 6 susurros | Una parte del día, Mirna Macondo edit post
Pensaba que las lágrimas se habían secado y sólo quedaba la sal.
Pero no era así. Simplemente, se evaporó y ahora llueve otra vez...
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Historia de lo efímero

Y a ti

Te deseo toda la suerte del mundo

No porque te la merezcas

Porque no te la mereces ni la mitad que yo

Pero aún asi

La melancolía resignada anhelante

hace que quiera

que seas feliz

Agradéceselo a ella

no a mí

Así que

te deseo toda la suerte del mundo

porque te digo adiós

porque hemos salido la una de la vida del otro

A veces nuestras miradas se encuentran

Y nos observamos como diciendo

¿Qué ha pasado?

Y yo te miro con cuidado

con una barrera en los ojos

que dice

No te acerques más

pero en el paréntesis que forman mis cejas

pone (no sea que vuelva a caer en tu mirada de brujo)

Y tú

me miras dolido

tal vez porque se ha acabado el cuento

tal vez porque me echas de menos

Nuestra historia de lo efímero

se ha acabado

y el cuento

nos ha hecho daño puede que a los dos

No sé qué hacer contigo

Pero sí sé qué hacer sin ti

No sé lo que quieres

Pero sí lo que quiero

Me basta con verte feliz

¿No te basta con que yo lo sea?

Mis interrogantes se disuelven lentamente

Echo de menos

tu mano entrelazada con la mía

bajo fuegos artificiales

Me pregunto si lo has olvidado

yo no

Una vez me dijiste que no sabías como me acordaba de ciertas cosas

a veces preferiría no acordarme

Me pregunto qué habría pasado

con aquella puerta incitante

Echo de menos tus tontos juegos

pero no mi estúpida ceguera

Echo de menos el futuro que no ha llegado

porque nos veo lejos

encontrándonos y mirándonos

tal vez ralentizando el paso

pero sin detenernos

cuando pasemos al lado del otro

giraremos las cabezas

y nuestras miradas se cruzarán otra vez

pero ambos seguiremos adelante

con una extraña sensación en el corazón


Mi historia de lo efímero ya ha acabado

Once meses

Tú fuiste el antagonista que se dedicó a crearla

ya no me acuesto en cristales rotos


Ahora, siempre que te veo

pienso que eres como un monstruo

Un monstruo de cuento

Bello por fuera

pero ya sabes

el interior es lo que importa

¿Y ahora qué?

¿Qué canción nos toca seguir?


En mis oídos suena Turnedo.

Digámonos adiós.

Read More 4 susurros | Una parte del día, Mirna edit post
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